Plazas de Europa

La vida de las plazas de Europa es diferente entre ciudad y ciudad, entre país y país, entre cultura y cultura. Sobre la medianoche, mientras los últimos transeúntes solitarios atraviesan con su prisa las plazas de las ciudades del norte de Alemania, rumbo hacia sus casas, las plazas de la Península Ibérica están llenas de alegría, de ruido, rebosan ajetreo de un mundo que parece no preocuparse por el mañana. La aglomeración allí no cesa hasta horas después de la media noche. Decididamente, el espectáculo más vivo que conocen las plazas de todo el continente europeo lo ofrecen solo las ciudades españolas. Durante el invierno, el contraste entre el norte y el sur se suaviza en este aspecto, porque las plazas nórdicas tienen mercados navideños, y las plazas del sur están más vacías que en verano, aunque seguramente estas últimas salen ganando. La plaza de una ciudad europea, sea del país que sea, vive con cada estación del año ritmos y rituales diferentes, adquiere otras apariencias.

Se pueden encontrar plazas urbanas en toda Europa, y en esta web se presentan plazas de todo el continente. Sin embargo, en lo que se refiere a sus plazas, Europa cuenta con algunas zonas privilegiadas. El sur del Mediterráneo sobresale en este sentido, su clima se lo permite, pero también la costa del Mar Báltico tiene plazas excepcionales, mucho menos conocidas que las del sur, pero que merecen toda la atención. Hay una diferencia obvia entre el norte y el sur, pero sus plazas son susceptibles de ulteriores clasificaciones. Quien se toma el tiempo de posicionarlas en el mapa constata que las plazas hermosas, aquellas que son interesantes estéticamente, aquellas que tienen una historia, están situadas sobre todo en algunas regiones de Europa y forman una suerte de „red“. Mucho antes de la invención de internet, conexiones invisibles enlazaban las ciudades entre sí, creando sistemas urbanos en cierto modo similares. No importa cuán diferentes fuesen unas de otras, sus plazas mantenían un consistente elemento en común, desde sus funciones hasta el modo en que se muestra la vida de las personas en ellas.

Italia es, por excelencia, el país de las plazas. Casi todas las plazas consideradas obras maestras se encuentran en sus ciudades del norte hasta Roma. Es difícil encontrar una sola que resulte desconocida o que pase desapercibida. Sin embargo, en la selección para la web, he intentado hacer figurar unas de las menos transitadas por turistas, aunque muy interesantes para la historia del urbanismo, como Palmanova. O la de Pitigliano, quizá no tan interesante por sí misma, como por el contexto espacial, estrecho pero bien estructurado, de su pequeño burgo medieval, encaramado a un macizo de toba volcánica. El número de plazas en la Italia septentrional es muy alto, más elevado incluso que el de sus ciudades, porque éstas tienen sistemas de plazas, no una única plaza. La mitad meridional de Italia es, por su parte, más pobre en plazas hermosas, aunque se cuentan excepciones notables.

Al otro lado del Adriático, las plazas de las ciudades de la Costa Dálmata deben entenderse como una extensión del tipo de plaza veneciano. La costa dálmata es una zona no suficientemente comentada en lo que se refiere a sus plazas. Las ciudades de aquí fueron territorios venecianos, pero el encuentro con otras culturas, y en particular con la eslava del sur, ha conferido a sus plazas matices locales absolutamente espectaculares. Entre Eslovenia, Croacia y Montenegro se reparten estas ciudades, pero también se pueden encontrar plazas interesantes en otros países balcánicos.

Al norte de los Alpes, en Europa Central, en el territorio del antiguo Imperio Austrohúngaro, el número de plazas urbanas interesante es, nuevamente, muy alto. Las plazas históricas de aquí, unos siglos posteriores a las italianas, fueron muy influenciadas por estas últimas, pero mantienen trazos de una personalidad propia. Sin embargo, tampoco su distribución es uniforme en el territorio del antiguo Imperio Austrohúngaro, y paradójicamente no es Austria, el antiguo núcleo de su poder, la ciudad que posee el mayor número de plazas ni las más interesantes. Las casi 40 ciudades históricas de Bohemia y Moravia declaradas por el gobierno checo, reservas arquitectónicas y espacios protegidos por la ley, se desarrollan en torno a una plaza grande y hermosa. Es una injusticia que las plazas de aquí sean tan escasamente conocidas. Las ciudades de Eslovaquia, Eslovenia, Hungría o Rumanía tienen plazas que forman parte del mismo „modelo“, pero su número es mucho menor en estos países. Casi todas estas ciudades de la Europa Central son, en su origen, burgos de los colonos alemanes, llegados aquí al principiar el Medievo. Resulta de nuevo paradójico que el sistema de plazas de estas ciudades centroeuropeas sea más „sofisticado” que el de las ciudades de la Alemania propiamente dicha. No obstante, Alemania conserva, a pesar de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, algunas zonas con plazas muy interesantes, como son las medievales del macizo de Harz, entre otras.

Otra zona privilegiada por lo que respecta a sus plazas es la ya mencionada Península Ibérica. España y Portugal son países con plazas „dinámicas”.

Pero incluso allí donde las plazas son una „importación cultural” reciente, del siglo XIX o XX, como lo serían las de las ciudades de los países del Cáucaso, entre el Mar Negro y el Mar Caspio, allí resultan ser una síntesis muy interesante de las tradiciones e historias locales. En Tiflis, la capital de Georgia, el viejo punto de paso para las caravanas de la ruta de la seda es hoy la plaza Meydan o Vajtang Gorgasali.

Como cualquier selección, esta también, enriquecida constantemente con imágenes y textos nuevos, es injusta e incompleta.