Marostica, Italia Piazza Castello

Cada dos años,  durante la segunda semana de septiembre, en Marostica se organiza una partida de ajedrez. En lugar de las estatuillas de madera hay personas atavidas como piezas y la plaza de la pequeña ciudad medieval se convierte en damero, cuyo pavimento fue específicamente diseñado para este propósito. La Piazza Castello en Marostica también se llama “Piazza degli Scacchi,” la plaza de los ajedreces.

La historia cuenta que en época medieval, dos jóvenes nobles, Rinaldo D’Angarano y Vieri da Vallanora, se enamoraron locamente de Lionora, la hija del gobernante del lugar. La costumbre de la época requería que el destino de la joven se decidiera mediante un duelo a muerte. Pero el padre no quería enemigos y  tampoco quiere que nadie pierda. Es entonces cuando prohíbe el duelo y propone en su lugar , de manera altamente ingeniosa, una partida de ajedrez. El ganador se convertiría en el esposo de la codiciada Lionor y el perdedor ganaría la mano de su hija más joven, Oldrada.

Por supuesto, la historia no tiene nada que ver con la verdad histórica. Ninguno de los personajes históricos existen, ya que no había ningún juego de ajedrez en la Edad Media en Marostica (Maròstega en  Veneto). Lo que si había  es un escritor y arquitecto, Mario Mirko Vucetich, de Dalmacia, quien se imaginó toda la historia inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo el club local de ajedrez ha decidido que la historia fuese real y cada año organiza un concurso con personas en lugar de piezas de ajedrez en esta plaza muy pintoresca de esta pequeña ciudad del norte de Italia.

Retz, Austria, Hauptplatz

En 1278, el conde Berthold von Rabenswal recibe del emperador Rodolfo I de Habsburgo el derecho a gobernar el Hardegg, por lo que comienza a construir una nueva ciudad cerca de un pueblo ya existente llamado Rezze. Lo hará según el plano regulado por la tradición de los burgos de Bohemia, en torno a una plaza que aún se mantiene entre las más grandes de Austria, aunque la población del asentamiento ahora cuenta tan solo con 4.000 almas. La plaza es muy hermosa, con palacios renacentistas de inspiración italiana, fuentes y una columna barroca de la Santísima Trinidad. En el centro está el ayuntamiento y una antigua iglesia reconstruida en 1569. Pero la mayor sorpresa está bajo el pavimento: debajo de toda la plaza, debajo de toda la ciudad, incluso más allá, se extiende un laberinto de bodegas unidas entre ellas, donde los habitantes depositan para su fermento el vino hecho en la zona. Mide más de 20 kilómetros, muy por encima de las dimensiones de la  actual red de calles de la superficie.