Situada junto al mercado se encuentra la estatua del general Jan Žižka, jefe del movimiento husita, uno de los pocos comandantes militares de la historia universal que nunca ha perdido una batalla. Emplazada en la cima de una colina, con la plaza en su parte superior y en las inmediaciones del lago Jordan bautizado en honor al río bíblico, la ciudad fue fundada en la primavera de 1420 como el centro del movimiento revolucionario husita. Las calles han sido especialmente diseñadas en zigzag para impedir al enemigo el fácil acceso al centro. Aunque no sea visible en la foto, el mercado está en una pendiente, lo que agrega una nueva dimensión a su espacio.
La estructura urbana está regida por su ubicación geográfica, una de las más espectaculares de todas las ciudades europeas. Passau está situada en una lengua de tierra, en la confluencia de los ríos Danubio, Inn y Ilz, cada uno con aguas de diferentes colores. La Domplatz está en el punto más alto de la ciudad. Una autentica ventaja, porque año tras año, Passau está amenazado por las inundaciones, derivadas de las crecidas de estos ríos. La plaza se perfila en 1150 y, desde 1155, es propiedad de la catedral por la donación del obispo Konrad von Babenberg, poniendo una única condición: la de construir casas clericales en sus espacios libres. Los 14 edificios así construidos se ven afectados por los incendios de 1662 y 1680, siendo reconstruidos posteriormente por los arquitectos italianos en estilo barroco tardío. En 1824, en el medio de la plaza está la estatua del emperador Maximiliano I de Baviera. Por primera vez en su historia la plaza se convierte en pública y adquiere el estado de plaza principal de la ciudad. Fue renovada después de 2013. El pavimento original desaparece y fue reemplazado por grava fina que recuerda períodos históricos pasados. La iluminación, una de las más espectaculares de Europa, acentúa la fachada de la catedral, dejando la plaza y el resto de los edificios en penumbra. Un juego sutil de luz y oscuridad, un juego del pasado, cuando las ciudades no estaban iluminadas, y del presente. Es un autentico efecto de escena propio del trampantojo del teatro barroco.
Hlavné námestie significa literalmente “Plaza Mayor” en eslovaco, pero la historia de la ciudad y de su plaza central se relaciona con los colonos alemanes que llegan a mediados del siglo XIII, por invitación del rey Béla IV de Hungría. La ciudad de Košice (Kaschau en alemán, Kassa en húngaro o Cașovia en las crónicas rumanas) se encuentra en la intersección de las principales rutas comerciales que unían el Mar Báltico con el Mar Negro, Polonia con Transilvania y la Europa Oriental de la Occidental. El espacio urbano está rigurosamente estructurado. Tres caminos paralelos siguen de norte a sur siendo el del medio el que se ensancha gradualmente hasta donde se une con la atería este-oeste, para dar lugar a una plaza con una forma muy especial. Su diseño lenticular se debe en primer lugar a la construcción de la plaza sobre el antiguo mercado situado en un ensanchamiento de la vía principal, a media distancia entre el castillo y la abadía, antes de la construcción de cualquier otro edificio. En segundo lugar se debe a la unión de dos asentamientos distintos anteriores al siglo XIII, en un proceso típico de sinoicismo, cuyas fronteras quedaban marcadas por la plaza actual. En el medio, justo en el punto de intersección de los dos ejes, los colonos alemanes levantaron una iglesia parroquial. Su lugar está ocupado desde el siglo XIV por la catedral gótica de Santa Isabel, la catedral más grande de Eslovaquia. La torre de San Urbano, que da cobijo a una campana de siete toneladas, y la capilla de San Miguel, también gótica, ambas de siglo XIV, flanquean la catedral, formando un conjunto único y uniforme. El teatro, una joya del barroco, se construyó en el ya tardío 1899. Casas góticas, palacios renacentistas y barrocos, edificios Art Nouveau definen el perímetro de esta singular plaza. El contorno de las antiguas murallas es claramente visible en la trayectoria circular de las calles adyacentes. Por último, el mercado lenticular de Košice es el conjunto urbano lenticular más grande y típico de Eslovaquia Oriental.
En 1278, el conde Berthold von Rabenswal recibe del emperador Rodolfo I de Habsburgo el derecho a gobernar el Hardegg, por lo que comienza a construir una nueva ciudad cerca de un pueblo ya existente llamado Rezze. Lo hará según el plano regulado por la tradición de los burgos de Bohemia, en torno a una plaza que aún se mantiene entre las más grandes de Austria, aunque la población del asentamiento ahora cuenta tan solo con 4.000 almas. La plaza es muy hermosa, con palacios renacentistas de inspiración italiana, fuentes y una columna barroca de la Santísima Trinidad. En el centro está el ayuntamiento y una antigua iglesia reconstruida en 1569. Pero la mayor sorpresa está bajo el pavimento: debajo de toda la plaza, debajo de toda la ciudad, incluso más allá, se extiende un laberinto de bodegas unidas entre ellas, donde los habitantes depositan para su fermento el vino hecho en la zona. Mide más de 20 kilómetros, muy por encima de las dimensiones de la actual red de calles de la superficie.